¿Cuál es el papel de la clase obrera en la Revolución Bolivariana?

El rol que cumple la clase obrera -y la lucha de clases en general- en cualquier proceso de transformación económica, política y social es central. Venezuela no es una excepción a esa regla. Pero como en todo el resto de los análisis que hemos realizado para ustedes, la comprensión del papel que la clase obrera ha cumplido, o ha dejado de cumplir, debe hacerse a la luz del fenómeno de la renta del petróleo y el Pacto de Punto Fijo. ¿Otra vez, dirá usted? Lea y luego lo comentamos...

Antes las cosas fueron distintas

Hasta bien entrado el año 1920, Venezuela era un país fundamentalmente agrícola-ganadero. Sus producciones principales eran cacao, café, azúcar y ganadería bovina. Sólo en algunas grandes ciudades como Caracas, Maracay y Valencia se desarrollaba alguna incipiente actividad industrial.

Sin embargo, en un lapso dramáticamente corto, el recurso energético pasó del 2% de las exportaciones en 1920 a más del 90% de éstas en 1935. Venezuela se había convertido en el segundo productor mundial de petróleo y en su primer exportador.

Pero eso no generó el bienestar general de la población. Una de las consecuencias inmediatas fue que aquel país agrícola-ganadero dejó de existir. La producción se concentró en el petróleo y sus industrias conexas. Venezuela pasó de exportar a importar alimentos y su población comenzó un proceso de pauperización rural y de emigración a las grandes urbes.

La dictadura del general Juan Vicente Gómez, que gobernó al país entre 1908 y 1935, no tenía dudas de a quién tenía que privilegiar: permitió incluso que las propias compañías petroleras redactaran la primera Ley de Hidrocarburos de 1922.

¿Y los obreros?

La explotación en los campos petroleros era salvaje. Los pagos a los obreros se realizaban con fichas que solamente podían utilizarse en establecimientos de las mismas compañías petroleras. A los obreros se les descontaba el alquiler de la vivienda que ocupaban en los mismos campamentos petroleros. Los salarios de los trabajadores venezolanos eran mucho menores que los de los extranjeros que desempeñaran la misma tarea. 

Mientras tanto, las grandes familias -todas vinculadas a Gómez- se enriquecían a través de las concesiones petroleras que el dictador les entregaba y que ellas, a su vez, negociaban con las empresas multinacionales. Surgía en este período la burguesía parásita y entreguista que ha signado toda la historia moderna de Venezuela.

La huelga petrolera de 1936

Casi inmediatamente a la muerte de Gómez el 17 de diciembre de 1935, se inician los primeros intentos de organización sindical legal. El Partido Comunista de Venezuela (PCV), que había sido fundado el 5 de marzo de 1931, decide enfocar su trabajo en la organización de los trabajadores petroleros.

A pesar de la persecusión antisindical de los patrones, los trabajadores se organizan y elaboran un petitorio que incluía un aumento de salario de 10 bolívares y que es rechazado por las empresas, lo cual desembocó en la primera huelga general de la industria petrolera el 9 de diciembre de 1936.

“Nunca una huelga tuvo la solidaridad que recibió ésta. Todo el pueblo contribuía. La gente se preocupaba a diario por la situación del movimiento. Desde Caracas se hacían giros telegráficos diarios de Bs. 2.000 (dos mil bolívares). En las Navidades la colaboración aumentó”, relató Eleazar Díaz Rangel, profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela.

El gobierno del general Eleazar López Contreras (que había sucedido a Gómez), después de 47 días decreta la finalización de la huelga y ordena que a los trabajadores se les otorgue un aumento de tan solo un bolívar. 

El dirigente comunista Jesús Faría diría: “El balance final de ese primer año de actividad política y social en lo que va de siglo resultó altamente positivo aunque solo hubiera sido por el número de hombres y mujeres (más de 10.000 trabajadores) que se incorporaron a las luchas de clases”.

Sin embargo, se impuso la traición.

La traición adeca

Moisés Moleiro (quien fuera periodista y dirigente de Acción Democrática y luego de uno de sus grupos disidentes, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria - MIR), en su libro El Partido del Pueblo,  escribió: “en la Primera Convención Nacional de Trabajadores, celebrada en marzo de 1944, un dirigente adeco, Ramón Quijada, planteó (...), a nombre de 41 sindicatos asistentes a la Convención, unas “bases” paritarias para la unidad, que le resultaron inaceptables a los comunistas, representantes de 93 sindicatos, más del doble”.

Agrega Moleiro: “Este fue el pretexto aprovechado por Quijada para retirarse a nombre de los 41 sindicatos y acudir a delatar a Juvenal Marcano como comunista, acusándolo de hablar a nombre de ese partido. El gobierno (...) ordenó la disolución de los 93 sindicatos señalados por Quijada. De este modo AD “se hizo” del movimiento sindical organizado”.

Pero AD no solamente buscaba desplazar de la dirigencia sindical a los comunistas, sino que pretendía impedir que las posiciones clasistas prosperaran en el movimiento sindical. Es así que a partir de ese suceso, se instala en la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV) -y en la dirigencia de una parte importante del movimiento sindical en general- una visión conciliadora, mafiosa y corrupta, mucho más preocupada por evitar los conflictos (y dispuesta a recibir sumas de dinero para evitarlos) que por defender los intereses de los trabajadores.

La Venezuela puntofijista y su clase obrera

El 31 de octubre de 1958 -posteriormente a la caída del gobierno dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez-, los partidos Acción Democrática, Copei y Unión Republicana Democrática (URD) suscriben el Pacto de Punto Fijo, que buscaba garantizar la continuidad de estos partidos en el gobierno de Venezuela y evitar que el PCV accediera al poder.

Rómulo Betancourt, principal líder de AD y furibundo anticomunista, buscó empujar al PCV al borde de la legalidad, hasta que efectivamente lo declara ilegal el 6 de mayo de 1962.

El PCV, que debió pasar a la lucha guerrillera y a la clandestinidad, abandonó el trabajo de masas en las organizaciones sindicales. A pesar de que la central sindical de orientación comunista, la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV) siguió funcionando, AD y sus sindicatos agrupados en la CTV campearon a todo lo ancho de la clase trabajadora con el explícito apoyo del gobierno y los patrones.

El “Caracazo”, en febrero de 1989, demostró la incapacidad de la CTV para encauzar la movilización y el descontento popular. Más bien durante ese período salieron a la luz varios escándalos de corrupción vinculados al Banco de los Trabajadores. Por otro lado, la CTV convalidó la conculcación de las prestaciones sociales de los trabajadores, que perdieron buena parte de sus derechos jubilatorios.

¿Con o contra Chávez?

La CTV fue protagonista principal entre las organizaciones que dieron el golpe de Estado contra el Gobierno venezolano en abril de 2002 y que respaldaron al autoproclamado presidente Pedro Carmona Estanga, quien era hasta ese momento el presidente de la Federación de Cámaras Empresariales de Venezuela (Fedecámaras).

Nuevamente la CTV junto a Fedecámaras, diciembre de 2002 a febrero de 2003, se involucraron en un criminal sabotaje petrolero y lockout patronal que pretendía tumbar al Gobierno del comandante Chávez. Esta aventura de la CTV y Fedecámaras le costó el empleo a miles de trabajadores.

Pero la CTV ya era un cascarón vacía, cada vez con menos sindicatos nacionales afiliados, cada vez con menos filiales estadales. Si bien los trabajadores venezolanos no han logrado completar el proceso de unidad de clase, la verdadera clase obrera ya hace tiempo que espantó el fantasma de la CTV.

A instancias de la democracia participativa y protagónica impulsada por la Constitución Bolivariana, así como las políticas de redistribución y democratización de la renta petrolera impulsadas por el Gobierno dirigido por el comandante Hugo Chávez, luego continuadas y profundizadas por el presidente Nicolás Maduro, los trabajadores venezolanos han aumentado grandemente su participación en la captación de la riqueza generada en el país. El Gobierno Nacional ha aumentado el salario mínimo todos los años, así como se han aprobado importantes normas que garantizan el reconocimiento a las organizaciones sindicales, además de otras que promueven la seguridad en el trabajo y la estabilidad laboral.

En vez de la escasa participación obrera que se registraba en Venezuela bajo la égida de la CTV, hoy millones de trabajadores participan en sindicatos, Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadoras, Comités de Seguridad y Salud Laboral, entre otros espacios de participación.

Sin duda, la clase obrera venezolana está en construcción de la organización y la consciencia de clase que le permitan colocarse a la vanguardia del proceso de transformaciones en Venezuela, pero junto al proceso de constituirse en clase para sí, tiene la titánica tarea de construir el socialismo en Venezuela.

Publicada originalmente en el semanario El Popular (Montevideo, Uruguay, nro. 276, 18 de julio de 2014)

Comentarios