La injerencia norteamericana en Venezuela

En la edición 268 de El Popular analizábamos la situación en Venezuela a la luz de la lucha por la apropiación de la renta petrolera. En el número 269 evaluábamos cuáles eran los intereses que en esta lucha representaban las fuerzas opositoras. Y la semana pasada, nos hacíamos eco de un artículo del reconocido periodista y político venezolano José vicente Rangel, advirtiendo de los reales peligros de golpe de Estado por parte de la derecha venezolana. Hoy, revisaremos el largo historial de intervenciones norteamericanas en Venezuela y los intentos por derrocar cualquier gobierno que hiciera frente a sus intentos por despojar a este país de su principal recurso.

La injerencia como política exterior

“La política de intervención con el objeto de dominar territorios soberanos ha sido siempre un principio en la política exterior del gobierno de Estados Unidos. En repetidas oportunidades han destruido naciones, han asesinado, han desestabilizado con la participación de sus aliados nacionales y ONG, para provocar el derrocamiento de gobiernos que no responden a la política ni a los intereses de EEUU”. (Mippci: Estados Unidos, un regimen inmoral)

En los países donde Estados Unidos ha intervenido, justificó su acción por razones “humanitarias” o defendiendo los intereses de ciudadanos norteamericanos en ese país.

“En el caso de Venezuela, país con la mayor reserva de petróleo en el mundo, la acción desestabilizadora estadounidense ha sido constante desde el inicio del proceso revolucionario liderado por el Comandante Hugo Chávez, quien nacionalizó la industria petrolera e impidió el robo de este rubro para destinar sus ganancias a la inversión social, política que siguió aplicando su sucesor, el Presidente obrero y chavista Nicolás Maduro, a quien el país norteño no ha dado tregua desde que asumió como Jefe de Estado, y contra quien mantienen la política injerencista con el fin de derrocar el gobierno que dirige”. (ídem)

Una historia con historia

En 1899 accedió al Gobierno venezolano el general Cipriano Castro, quien inicia una política de autodeterminación en relación a los lineamientos de las potencias imperiales de la época, para eso intenta dinamizar la economía (hasta ese entonces completamente dependiente del café, del que Venezuela era el segundo productor mundial), liberar al país del yugo de la deuda externa y modernizar las fuerzas armadas.

Paralelamente, las potencias imperiales (Alemania, Francia, Inglaterra) comienzan fuertes reclamos por los “daños y perjuicios sufridos por extranjeros residentes en el país” con motivo de las guerras civiles. Este argumento sería la excusa perfecta ya desde fines del siglo XIX para cualquier intervención.

Ante la negativa del gobierno a reconocer los reclamos, en 1902 Alemania e Inglaterra bloquean las costas venezolanas con barcos artillados, en lo que se llamó “la Diplomacia de las Cañoneras”. Inmediatamente después se unieron Estados Unidos, Italia, Francia, Holanda, Bélgica, España y México.

Los acorazados sitiadores hunden varios buques venezolanos y bombardean los puertos de La Guaira, Puerto Cabello y la isla de San Carlos.

Como consecuencia directa de esta situación, el ministro de Relaciones Exteriores argentino de la época, Luis María Drago, generó una doctrina mediante la cual argumenta la ilegalidad del cobro violento de las deudas por parte de las potencias más importantes de la tierra en detrimento de la soberanía, estabilidad y dignidad de los Estados débiles. Esta postura es conocida hasta hoy como Doctrina Grago

El conflicto bélico termina con los Protocolos de Washington el 13 de febrero de 1903, en los que las partes en conflicto acuerdan el levantamiento inmediato del bloqueo naval, la reducción de la deuda externa de 352 millones de bolívares a 150,9 millones, y un cronograma de pagos en forma progresiva abonando el 30% de los ingresos aduaneros del país. La injerencia había logrado su objetivo.

En 1905 es rescindido el contrato de la nación con la Compañía Francesa del Cable Interoceánico por el incumplimiento de ésta de los términos del acuerdo y se expulsa al Encargado de Negocios de Francia por realizar el reclamo de manera impertinente. Como consecuencia de ello, en 1906 Venezuela y Francia rompen relaciones diplomáticas.

Paralelamente, Castro ordena la requisa obligatoria de los buques de bandera holandesa, para evitar el contrabando y distintas formas de defraudación. Eso produce la ruptura de las relaciones diplomáticas con Holanda.

Posteriormente, el gobierno venezolano inicia juicio contra la New York & Bermúdez Company y se inicia la expropiación de la Orinoco Steamship Co. Ambas empresas habían participado en un virulento intento por derrocar a Castro conocido como la Revolución Libertadora, durante la cual se libraron casi 200 batallas con terribles consecuancias humanas y materiales. Ambos casos desembocan en la ruptura de relaciones diplomáticas entre Venezuela y Estados Unidos en 1908.

La planta insolente del extranjero

Castro viaja a Europa para atenderse una grave afección de salud y aprovechando su ausencia, el vicepresdiente Juan Vicente Gómez da un golpe de Estado y lo desplaza del cargo. Inició un período de 27 años de dura represión y atraso social económico en lo interno y la más abyecta sumisión en lo exterior.

Obviamente no hubo más conflictos con Estados Unidos ni con las otras potencias imperiales, prácticamente se regaló el petróleo venezolano a las empresas norteamericanas, que crecieron a expensas del hambre y el atraso en nuestro país.

Pero quizás lo más terrible fue que Gómez inició también un período de entrega del principal recurso del país y de la soberanía nacional, a expensas de las empresas petroleras norteamericanas, auténticas dueñas del país.

Uno de quienes intentó revertir esa realidad fue el presidente Isaías Medina Angarita, en cuyo gobierno (1941-1945) se aprobó una nueva Ley de Hidrocarburos, que modificaba la francamente entreguista aprobada por Gómez y que establecía un aumento en el porcentaje de la particiáción del Estado en los beneficios de la explotación petrolera, estableciendo además la obligación de pagar todos los impuestos generales, por lo que las compañías petroleras quedaron sujetas al pago del impuesto sobre la renta.

A punto ya de terminar su mandato, Medina Angarita es desplazado por un golpe de Estado que le dieran Rómulo Betancourt, principal dirigente del partido Acción Democrática y fuerte aliado de los Estados Unidos, y el general Marcos Pérez Jiménez. Betancourt es designado Presidente por la Junta Revolucionaria de Gobierno.

Convocadas elecciones libres en 1947, las primeras en Venezuela, es electo Presidente (con el respaldo del 80% de los votantes) el destacado novelista Rómulo Gallegos, quien asume un programa de transformaciones que tenía como punta de lanza la defensa del recurso petrolero.

A los tres meses de iniciada su gestión, el general Pérez Jiménez le da un golpe de Estado y Gallegos huye del país. Al llegar a La Habana, donde obtuvo inmediato refugio, responsabilizó del complot al gobierno de Estados Unidos.

“Poderosas fuerzas económicas del capital venezolano sin sensibilidad social, y acaso también las del extranjero explotador de la riqueza de nuestro subsuelo, y del cual no era dable esperar que aceptase de buen grado las limitaciones que le hemos impuesto, en justa defensa del bienestar colectivo con el aumento de sus tributaciones al fisco nacional y con la determinación de no continuar prodigando nuevas concesiones petroleras, que han de ser reservas de la riqueza del porvenir de Venezuela, han sido ellas, no vacilo en denunciarlo, repito, las que han inflado la gama tradicional de poderío que alimentaban los autores del golpe militar hoy victorioso”. (Rómulo Gallegos, La Habana, 1948)

Un nuevo siglo, una nueva historia

Vendría después un sometimiento casi absoluto de la economía venezolana al poder extranjero explotador que dejó tras de sí una estela de pobreza y marginación, mientras engordaban las chequeras de la burguesía y de la oligarquía parasitaria interna.

Se había hecho realidad la proclama realizada por Castro en diciembre de 1902: “¡La planta insolente del Extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria!” y había llegado para quedarse durante todo el resto del siglo XX.

Esto sólo fue revertido a partir de que el comandante Hugo Chávez Frías accediera al Gobierno el 2 de febrero de 1999. A partir de allí, iniciaron también los conflictos con Estados Unidos y sus aliados, pero esa es otra historia y la analizaremos la semana que viene.

Publicada originalmente en el semanario El Popular (Montevideo, Uruguay, nro. 271, 13 de junio de 2014)

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