Para entender qué pasa en Venezuela

El análisis de los actuales sucesos en la República Bolivariana de Venezuela, no puede realizarse de manera aislada, sin considerar algunos elementos que han definido a este país y a su estructura económica, política y social. Intentaremos en esta nota echar luz sobre éstos, como contribución a la comprensión de la situación que hoy atraviesa la nación caribeña.

El excremento del diablo

Cuando a principios del siglo XX se inició la explotación petrolera en Venezuela, comenzó también un cambio de proporciones cataclísmicas en la matriz productiva venezolana. El país, hasta ese momento gran productor de café, cacao, maíz, arroz y de diversas formas de explotación ganadera que se realizaban en condiciones semifeudales, experimentó una migración hacia el rentismo. Los grandes capitales privados se alejaron de la producción para dedicarse a la captación de la renta derivada de la explotación petrolera mediante negocios de importación e intermediación de productos terminados.

La renta petrolera, al abrigo de los elevados precios internacionales del crudo y sus derivados que se registró a partir de los años cincuenta, generó una burguesía mercantil parasitaria con elevadísimos niveles de ingreso y grandes mayorías de trabajadores desempleados o empujados a la actividad informal.

Los gobiernos de Acción Democrática y Copei que se alternaron en el gobierno a partir de 1958 a través de un pacto (el Pacto de Punto Fijo, realizado por AD, Copei y la Unión Republicana Democrática, que buscaba impedir que el Partido Comunista de Venezuela -segunda fuerza en las elecciones que se habían realizado ese mismo año y primera en Caracas- accediera al poder), profundizaron el modelo rentista y extrajeron gigantescas cantidades de petróleo para alimentar la creciente demanda norteamericana, que veía a Venezuela como su reservorio natural y su proveedor más accesible.

El intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri señaló en 1990: “¿Hasta cuándo podrá durar este festín? Hasta que dure el auge de la explotación petrolera. El día en que ella disminuya o decaiga, si continuamos en las condiciones actuales, habrá sonado para Venezuela el momento de una de las más pavorosas catástrofes económicas y sociales”.

La catástrofe del modelo se llamó “El Caracazo”

Cuando en enero de 1989 asume su segunda presidencia el adeco Carlos Andŕes Pérez (la anterior había sido de 1974 a 1979), lo hace en medio de un fausto sin precedentes que el pueblo calificó de “coronación”. Parecía que la Venezuela saudita (rentista petrolera por excelencia) hacía su máxima eclosión.

Sin embargo, apenas 25 días después, el mismo Pérez anunció un paquete de medidas económicas dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que produjeron la mayor expresión popular de resistencia conocida hasta el momento, con una represión también desconocida hasta ese entonces, que arrojó un saldo de más de 3.000 personas asesinadas por las fuerzas de seguridad del Estado.

La realidad en la que vivían inmensas masas populares rompió los ojos de Venezuela y el mundo. La miseria y la pobreza alcanzaban a casi un 30 y un 60% de la población respectivamente. El desplazamiento del campo a la ciudad escapando del hambre constituía un verdadero éxodo interno. Las grandes ciudades empezaron a verse rodeadas de “ranchos” informales.

Dentro de las fuerzas militares empujadas a reprimir al pueblo revistaba un mayor, llamado Hugo Rafael Chávez Frías, que luego ya como teniente coronel encabezó la rebelión que en febrero de 1992 pretendía desplazar del gobierno a Carlos Andrés Pérez y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para refundar la república dejando detrás el Pacto de Punto Fijo.

La rebelión fue derrotada, pero el respaldo del pueblo con posterioridad a la misma fue abrumador. Chávez, desde la cárcel, diría que la de 1989 fue una rebelión con pueblo, pero sin armas; en cambio, la de 1992 fue una rebelión con armas, pero sin pueblo.

Sin embargo, ambas marcaron el inicio de un camino que ya era indetenible, el de la pelea por la renta petrolera. Por un lado, la burguesía mercantil y parásita, vasalla y fiel proveedora de energía para Estados Unidos; por el otro, las amplias masas populares que exigían la redistribución de esa renta para garantizar mejores condiciones de vida para la población y una reestructuración del aparato productivo que pusiera el petróleo al servicio del desarrollo nacional.

¿Qué sucedió con la renta durante la Revolución Bolivariana?

Deliberadamente omitiremos en esta nota las épicas transformaciones que se desarrollaron en Venezuela entre 1999 y 2014, tanto en la redistribución del ingreso nacional, como en el entramado jurídico, como en la agenda de derechos. Tampoco hablaremos de la diversificación de los mercados a los que Venezuela les vende su petróleo y de cómo esta venta ha contribuido para apalancar el desarrollo en casi toda América Latina. No se mencionará aquí cómo se masificó el acceso a los alimentos básicos, a la salud, a la educación, al trabajo digno. No hablaremos de la inclusión de los indígenas y del respeto a su cultura y tradiciones. No daremos los indicadores internacionales por los cuales Venezuela ha sido premiada por la Unesco y la FAO. No hablaremos de los desvelos de Chávez por la consolidación de la integración y la definitiva independencia de nuestro continente. Ni del amor que supo ganarse por parte de hombres y mujeres a lo largo de todo el planeta.

Todo eso, y más, lo conocen muy bien las y los lectores de El Popular, que han expresado además su más amplia solidaridad con el pueblo y el Gobierno de Venezuela.

Quizás lo más importante sea decir que en lo anterior y más fue que se usó la renta petrolera y que los sectores que históricamente se habían apoderado de la misma ofrecieron una feroz resistencia.

Prueba de ello es el golpe de estado de abril de 2002, el sabotaje petrolero de 2002-2003, el alzamiento militar en Plaza Altamira, la no participación en las elecciones parlamentarias de 2005, el llamado a desconocer los resultados de múltiples comicios y tantos otros hechos que se han dado a lo largo de estos quince años.

El manual de Gene Sharp o la aplicación de la teoría de “el golpe suave”

Daremos un salto hasta 2014, año que comenzó con la exigencia por parte de la oposición de “la salida” del presidente Nicolás Maduro, algo que llamaba poderosamente la atención a solo nueve meses de un proceso electoral en el que se había obtenido la presidencia con poco menos del 52% de los votos y a solo dos meses de elecciones municipales en las que las fuerzas revolucionarias habían ganado más del 75% de las 335 alcaldías en disputa y con una diferencia en la suma de votos nacional de más de un millón 100 mil votos (cerca del 10% de los electores).

Este planteo que exigía la renuncia del Gobierno legítimamente electo se vio acompañada de crecientes niveles de violencia, que han dejado ya un saldo de 43 muertos, la mayor parte de los mismos por la acción de bandas opositoras armadas, por acciones terroristas como la colocación de alambres atravesados en las vías para provocar el degollamiento de las personas que circulan en motocicleta, por enfrentamientos en las “guarimbas” (barricadas colocadas en las vías para impedir la movilización de las personas) o por la acción de francotiradores que han disparado a miembros de las fuerzas de seguridad.

La estrategia opositora no es otra cosa que la aplicación del manual de Gene Sharp (disponible en la web del Albert Einstein Institute), aplicada por Otpor en Serbia, Euromaidan en Ucrania y otras organizaciones en los países donde se han dado las “revoluciones de colores” o “primaveras”.
La teoría del “golpe suave” propone cinco pasos que provocará la caída de cualquier gobierno. Los pasos son: 1°.- acciones para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad; 2°.- campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”; 3°.- manifestaciones y protestas violentas amenazando las instituciones; 4°.- operaciones de guerra psicológica y desestabilización del Gobierno; 5°.- forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras.

La teoría del “golpe suave” está diseñada para ser aplicada en cualquier lugar donde el Gobierno no sea del agrado de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano. Por eso, lo que pase en Venezuela nos importa a todas y todos. Por eso, hoy toda América Latina respalda a Venezuela.

Publicada originalmente en el semanario El Popular (Montevideo, Uruguay, nro. 268, 23 de mayo de 2014)

Comentarios

  1. Sorprendido de tanta riqueza informativa, que parece clandestina ante los medios dominantes que fabrican todos los días con un fervor de vida o muerte, la verdad que la gente debe consumir, y se van esclavizando sin notarlo. Pues es difícil gozar o sufrir por todo lo ignorado. salud y gracias.

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