La ideología chavista (IV)


Desde que el 4 de febrero de 1992 se produjo en Venezuela la rebelión del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) bajo el liderazgo del comandante Hugo Chávez, ríos de tinta han corrido para denigrar al chavismo y a sus seguidores.

Hoy mismo, la prensa internacional dedica ingentes esfuerzos a tratar de aislar y destruir al presidente Nicolás Maduro y a su Gobierno Bolivariano, así como para defender y justificar a quienes promueven la destrucción de la experiencia de construcción del socialismo en Venezuela.

Sin embargo, los hombres y mujeres pobres del mundo entero -pero particularmente de América Latina- siguen levantando la imagen del comandante Chávez en cada batalla por un futuro mejor para sí y para sus hijos.

Continuaremos analizando en esta cuarta parte de La ideología chavista a esta construcción ideológica que por autóctona no pierde universalidad.



Veamos un momento hacia atrás

En las anteriores ediciones de El Popular -correspondientes al 14, 21 y 28 de noviembre- presentamos “el Árbol de las Tres Raíces” (en relación a las ideas de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora), así como la “utopía concreta” vista como “la perspectiva de la trayectoriaestratégica de transformación”.

A medida que el proyecto avance hacia la situación-objetivo y los planes se vayan transformando en historia, la utopía concreta podrá ser definida con claridad creciente, producto de la visión de los actores y la eficacia de las acciones”, nos dijo Chávez en el Libro Azul (publicado clandestinamente en 1994).

Quedaba claro en estas líneas que el socialismo bolivariano (como también se le llama al chavismo) era un cuerpo de ideas en construcción, inacabado, que se iba desarrollando a medida que se iban suscitando las transformaciones que promueve en la sociedad y en sus estructuras políticas, económicas y jurídicas.

Era necesaria entonces una guía para la acción y ésta surge junto con el Primer PlanSocialista de la Nación 2007-2013 “Proyecto Nacional SimónBolívar”, no sin antes pasar por una importante serie de transformaciones en el ámbito constitucional y legal, así como en el reconocimiento de derechos y en la redistribución de la rente petrolera, que dieron el punto de apoyo para poder impulsar la construcción de una nueva sociedad que comienzan a darse con la elección de Hugo Chávez como Presidente de la República en 1998.

A pesar de la feroz resistencia de las clases dominantes venezolanas y del imperialismo norteamericano y sus aliados, con el paso de los años y de las luchas populares el chavismo fue consolidándose en los distintos niveles de gobierno y de poder en una Venezuela que sufría permanentes dolores de parto.

Chávez, consciente de la importancia tremenda de los elementos simbólicos, impulsa la modificación del pabellón nacional al agregar la octava estrella (cumpliendo con un decreto de Bolívar que había sido desobedecido) y del escudo de armas (poniendo a correr en libertad al caballo que ocupa el campo azul de éste), así como identifica a los ministerios como organismos que actúan en representación y para el Poder Popular.

Las misiones sociales (que contribuyen a paliar la emergencia social y permiten redistribuir la renta del petróleo a los desposeídos de siempre) toman los nombres de los héroes de la lucha independentista e incorpora también a luchadoras y luchadores negros, zambos e indios provenientes de los estamentos más desposeídos de la sociedad colonial deliberadamente olvidados por la historia oficial.

La democracia se torna participativa y la sociedad civil ya no solamente es titular de demandas, sino de proyectos y de recursos para ejecutarlos. Consejos comunales, comunas, empresas de propiedad social, consejos de trabajadores y otras organizaciones de nuevo cuño se fueron colando en el entramado de una sociedad que buscaba sacudirse la modorra y echar a andar.

Cuando se presentó a la reelección presidencial en 2006, el comandante Chávez propuso como su programa de gobierno el Primer Plan Socialista de la Nación 2007-2013, también conocido como “Proyecto Nacional Simón Bolívar” enfocado en siete directivas programáticas: la construcción de una nueva ética socialista, la consecución de la “suprema felicidad social” a la que refería Bolívar, el desarrollo de la democracia participativa y protagónica del pueblo, la creación de un nuevo modelo productivo socialista, la visión de Venezuela como una potencia energética mundial, la necesidad de una nueva geopolítica nacional que modificara el modelo de desarrollo centralista en Venezuela y la búsqueda de una nueva visión geopolítica internacional.



Una nueva etapa

Próximo a culminar ese período de Gobierno, el 12 de junio de 2012, -en cumplimiento de la normativa electoral venezolana- el comandante Chávez presenta ante el Consejo Nacional Electoral el Segundo Plan Socialista de la Nación 2013-2019, denominado “Propuesta para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019” o simplemente “Plan de la Patria” (ver en http://blog.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/).

A medida que (…) los planes se vayan transformando en historia, la utopía concreta podrá ser definida con claridad creciente”, había dicho Chávez y en el “Plan de la Patria” se hace notoria la claridad del objetivo, así como la trascendencia del momento histórico y del papel que le toca jugar a Venezuela y al Gobierno Bolivariano en América Latina y el mundo.

El “Plan de la Patria” se estructuró en cinco grandes objetivos históricos: 1. Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: La Independencia Nacional; 2. Continuar construyendo el Socialismo Bolivariano del siglo XXI en Venezuela, como alternativa al modelo salvaje del capitalismo y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad”, para nuestro pueblo; 3. Convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la gran potencia naciente de América Latina y el Caribe, que garanticen la conformación de una zona de paz en nuestra América; 4. Contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual tome cuerpo mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria; y 5. Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana.

“Este es un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica. Partimos del principio de que acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI. Por eso mismo, es la base fundamental y el vértice principal del Proyecto Nacional Simón Bolívar. Primer Plan Socialista del Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007–2013: nuestra carta de navegación en este ciclo que está culminando, enfatiza rotundamente su papel estratégico. Papel estratégico que en el próximo ciclo debe acentuarse todavía más”, destacó Chávez en la presentación del “Plan de la Patria”.


La barrera del no retorno

Más adelante el Presidente venezolano agregaba: “No nos llamemos a engaño: la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo”.

Chávez insistía en que para avanzar hacia el socialismo se requería de “un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana” y que fuera capaz de lograr que “la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo”.

Para esto Chávez exigía “pulverizar completamente la forma del Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas”.

Ésta es la clave fundamental del planteo chavista: la democracia participativa y protagónica como instrumento radical de destrucción del Estado burgués y sus mecanismos opresión sobre la sociedad.

“Al presentar este programa, lo hago con el convencimiento de que sólo con la participación protagónica del pueblo, con su más amplia discusión en las bases populares, podremos perfeccionarlo, desatando toda su potencia creadora y liberadora”, reafirmaba llamando a los poderes cradores del pueblo a desplegarse para construir la nueva sociedad.

Con este programa, el chavismo busca traspasar “la barrera del no retorno”. “Para explicarlo con Antonio Gramsci, lo viejo debe terminar de morir definitivamente, para que el nacimiento de lo nuevo se manifieste en toda su plenitud”, afirmaba Chávez.

Ahora nos toca a nosotros.

Publicada originalmente en el semanario El Popular (Montevideo, Uruguay, número 296, 5 de diciembre de 2014)

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