El Ministerio de Colonias y el Procónsul imperial

Desde hace ya un tiempo que veníamos postergando esta nota, pero los acontecimientos de esta semana precipitan una toma de posición. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, ha terminado de asumir una postura injerencista en relación a Venezuela, que lo convierte en lo que postula el título de esta columna: un funcionario del Ministerio de Colonias norteamericano y un procónsul del imperialismo norteamericano.

La organización

De acuerdo a la Carta de la OEA (disponible en http://www.oas.org/dil/esp/tratados_A-41_Carta_de_la_Organizacion_de_los_Estados_Americanos.htm), la Secretaría General de la Organización es un organismo fundamentalmente de índole administrativa y de soporte institucional.

Los artículos 107 al 121 determinan cuáles son estas funciones y solamente en el artículo 112 se le asigna al Secretario General alguna representación en nombre de la OEA, pero lo hace en los siguientes términos: “En concordancia con la acción y la política decididas por la Asamblea General y con las resoluciones pertinentes de los Consejos, la Secretaría General promoverá las relaciones económicas, sociales, jurídicas, educativas, científicas y culturales entre todos los Estados miembros de la Organización, con especial énfasis en la cooperación para la eliminación de la pobreza crítica”.

En ningún artículo de la Carta se indica que el Secretario General es un juez, ni un vocero oficial u oficioso, ni el paladín que dicta las pautas de comportamiento de los gobiernos del continente.

Es más, ni siquiera tiene voto en el Consejo Permanente, ni en la Asamblea General, ni en las reuniones de consultas de los Ministros de Relaciones Exteriores.

Y sin embargo, este Secretario General es realmente locuaz cuando se trata de Venezuela, al mejor estilo de un gobernador colonial. No solamente con la Patria de Bolívar, pero particularmente con ella.

La diplomacia de los tuits, las cartas y los micrófonos

En la carta abierta a Elías Jaua publicada el 20 de septiembre de 2015 (disponible como documento oficial en el sitio web de la OEA. http://www.oas.org/es/acerca/discurso_secretario_general.asp?sCodigo=15-0078), Almagro le señalaba al ex canciller venezolano: “Ninguna revolución, Elías, puede dejar a la gente con menos derechos de los que tenía, más pobre en valores y en principios, más desiguales en las instancias de la justicia y la representación, más discriminada dependiendo de dónde está su pensamiento o su norte político”.

Estos juicios de valor -compartibles, o no- son inadmisibles para un funcionario diplomático internacional y fueron emitidos mientras Almagro reclamaba para la OEA la posibilidad de enviar una misión de observación electoral, ya que se hacía eco expresamente de todos y cada una de los cuestionamientos que la oposición le realizaba al proceso (recomendamos leer la carta previa del hoy diputado Elías Jaua publicada -entre otros medios- en Aporrea, http://www.aporrea.org/tiburon/a213704.html).

Las reiteradas tomas de partido a favor de la oposición venezolana y en contra del Gobierno pueden verse también a través de un medio poco habitual para las comunicaciones diplomáticas como la red social Twitter. Como siempre decimos, no me crea, juzgue usted entrando en la cuenta @Almagro_OEA2015.

En la carta que Almagro dirigió a la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Dra. Tibisay Lucena, el 10 de noviembre del año pasado (disponible como documento oficial de la OEA en http://www.oas.org/es/acerca/discurso_secretario_general.asp?sCodigo=15-0100), Almagro no solo intentó despojó a la titular de un poder del Estado venezolano de legitimidad, de su investidura y hasta de su título académico.

En la misiva, dirigida sin más encabezado a la “Señora Tibisay Lucena”, Almagro se queja de que la misión de observación electoral que intentó imponerle a Venezuela había sido rechazada y se quejaba amargamente a la par que atacaba a la Dra. Lucena adjudicándole parcialidad y dejando asomar la duda sobre la transparencia de las elecciones: “No objeto que Usted muestre una posición política pero supongo que tiene absolutamente claro que el trabajo de justicia electoral trasciende completamente ese tipo de posiciones y requiere ponerse al frente de las garantías exigidas por los partidos, sean del Gobierno o de la oposición. / En su carta me reitera que el sistema electoral de Venezuela es extraordinariamente eficiente, pero entiendo que las garantías electorales no refieren únicamente a la eficiencia. / Hubiera esperado que en su carta usted se pusiera al frente de las garantías exigidas y que de la misma surgiera que están cubiertas todas las necesidades de los partidos políticos venezolanos, tanto del Gobierno como de la oposición para asegurar que las elecciones se van a llevar a cabo de una forma justa y transparente”.

Pero Almagro, además de continuar en una prédica irrespetuosa a la titular del CNE, se adjudica un papel que nadie le asignó: “Si yo mirara para otro lado ante el reclamo de la oposición de su país y de la comunidad internacional estaría faltando a mis deberes esenciales. Si usted no dispone de mecanismos que aseguren una observación que tenga las más plenas garantías para su trabajo, usted está faltando a obligaciones que hacen a la esencia de las garantías que debe otorgar”.

En ese mismo tono imperativo e irrespetuoso continúa Almagro en la misiva de 16 páginas en la que recoge todos los reclamos de la oposición venezolana, la misma que ha utilizado todos los medios antidemocráticos para hacer caer a los gobiernos legítimamente electos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

El mismo mes, pero el día 28, ante un asesinato que a la postre se demostró que era un ajuste de cuentas entre grupos mafiosos, pero que Almagro calificó inmediatamente de asesinato político, el Secretario General intentó entrar en polémica con el presidente Nicolás Maduro y lo hizo nuevamente a través de varios tuits y de una nueva nota pública (que se puede descargar en http://www.oas.org/es/acerca/discurso_secretario_general.asp?sCodigo=15-0097) en la que afirmaba: “...sobre el caso de Luis Manuel Díaz es urgente-- por la naturaleza de crimen político--una investigación del asesinato, y que esa investigación aporte conclusiones irrefutables, igual que es necesario investigar y resolver los casos pendientes de los 43 asesinados en las manifestaciones del pasado u otros casos todavía no resueltos. Eso brindaría seguridad”.

Sin embargo, los fallos de la justicia venezolana sobre los 43 muertos durante las guarimbas no han satisfecho a Almagro, que este mismo martes exigió al presidente Nicolás Maduro que promulgara la Ley de Impunidad aprobada por la Asamblea Nacional “inmediatamente”.

Es absolutamente necesaria, imprescindible, impostergable la liberación de los presos políticos de Venezuela. Por lo tanto, el pedido a Maduro a firmar la ley, a hacerla vigente inmediatamente y a la liberación de los presos”, afirmó Almagro en declaraciones a periodistas en Washington, según reseñó la agencia española EFE luego de una reunión con Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, condenado por sus responsabilidades en los hechos terroristas de febrero a junio de 2014.

Recibiendo de Lilian Tintori la Ley de Amnistía. Por Venezuela urge #AmnistíaYa clave del fortalecimiento democracia-reconciliación”, había escrito más temprano Almagro en su cuenta de Twitter.

El momento

Pero se equivoca el secretario general de la OEA al analizar el momento político que vive América Latina y aún más se equivoca al elegir la forma en la cual dirigirse a la República Bolivariana de Venezuela, que ya no se considera parte del patio trasero de los Estados Unidos, esos de los que el Libertador Simón Bolívar advertía que parecían “destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”.

No es este momento de reeditar el Ministerio de las Colonias (como bien definiera a la OEA el comandante Fidel Castro), ni es el momento en que los procónsules del imperio (disfrazados de embajadores o de secretarios generales) le dirán a los pueblos y gobiernos del continente lo que deben hacer.

Aunque las derechas del continente estén en contraofensiva, aún cuando han encontrado tácticas que han hecho trastabillar (e incluso caer) a gobiernos progresistas latinoamericanos, aún cuando finalizó el ciclo de precios elevados de las materias primas que mayoritariamente producimos en nuestros países, aún -así y todo- algunas cosas han cambiado.

Nuestros pueblos, en su arduo camino, han forjado su propia consciencia y lo han hecho con el más duro de los aceros.

Hay mucha tela por cortar y las tijeras están afiladas.

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