Estabilización del mercado petrolero gracias a gestión de presidente Nicolás Maduro

El presidente Nicolás Maduro participó la semana pasada en el XXIII Congreso Mundial de Energía que se realizó en Estambul (Turquía) y sus gestiones fueron fundamentales para el inicio del repunte de los precios petroleros. Esa participación fue reconocida por los múltiples actores que participaron de la misma y son una señal más del fracaso de la política de aislamiento que ha impulsado el gobierno de los Estados Unidos en contra de la Revolución Bolivariana.

Para nadie es un secreto la importancia de las fluctuaciones de los precios petroleros en la economía venezolana, país que posee las más grandes reservas de crudo y también uno de los países que es fuertemente dependiente de su renta para poder desarrollar su economía y encarar las inversiones que el país requiere.

Desde 1936, fecha en la que se hizo irreversible la dependencia del petróleo -cuya explotación había empezado apenas en 1914-, la economía venezolana fue dejando de lado otras actividades productivas para centrarse en la extracción y exportación de crudo. La actividad agrícola y pecuaria fue cediendo terreno, de forma que producciones tradicionales como la del cacao estuvieron a punto de desaparecer.

El petróleo venezolano, en su totalidad exportado a los Estados Unidos, fluyó en grandes cantidades sin interrupción (y sin control) al gigante del Norte y es en buena medida uno de los fundamentos del crecimiento de ese país durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, Venezuela no obtenía los dividendos correspondientes a ese flujo. Por un lado, la propiedad de las empresas petroleras era norteamericana y por otro, el Estado venezolano casi no cobraba a dichas empresas por el derecho a extraer el crudo.

Al mismo tiempo, la migración de los trabajadores rurales hacia la periferia de las ciudades y la concentración de la tierra en escasísimas manos, fue de consuno con el crecimiento de la periferia de las grandes ciudades, en las que enormes masas de trabajadoras y trabajadores expulsados de la tierra fueron a incrementar las cifras de pobreza y miseria, mientras un reducido número de empresarios se enriquecía salvajemente a la sombra de la renta del petróleo, que les permitía comprar muy barato afuera y vender muy adentro.

La moneda venezolana (el bolívar) fuertemente apreciado por las reservas petroleras y el volumen de crudo exportado terminó auspiciando un mercado interno cada vez más concentrado, especulativo y dependiente de las importaciones y la industria nacional devino en excusa para captar las divisas que ingresaban al país por vía del mercado energético.

Aún cuando en la década de los setenta del siglo XX hubo intenciones de modificar este estado de cosas (se nacionalizó la industria y se contribuyó fuertemente a la formación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo – OPEP), rápidamente los agentes del gobierno de la industria petrolera y del país fueron cooptados por las grandes corporaciones energéticas, quienes más bien aprovecharon la situación para hacer más y mejores negocios a costa de la riqueza de todas y todos los venezolanos.

Cuando en febrero de 1989 las enormes masas de pobres estallaron y generaron la rebelión popular conocida como “el Caracazo”, millones de televidentes a lo largo del mundo (e incluso algunos dentro de Venezuela) se sorprendieron de que la “Venezuela saudita” no era tan solo misses, playa y gasolina barata -como mostraban unánimemente los medios de comunicación-, sino también miseria y exclusión.

Cuando también en febrero, pero de 1992, un grupo de militares patriotas se rebelaron contra esa situación de miseria generalizada de los de abajo y corrupción también generalizada de los de arriba, terminó de estallar la burbuja política, económica y social sobre la que estaba construida esa Venezuela de inmensa riqueza para algunos e infinita exclusión para los más.

Con la elección del comandante Hugo Chávez como Presidente, el líder de ese grupo de militares rebeldes devino en líder de la Revolución Bolivariana, el proceso político que a lo largo de estos años ha redistribuido la riqueza devenida de la renta del petróleo y ha puesto al principal recurso venezolano como instrumento del desarrollo nacional y de la creación de una nueva República.

Pero Chávez sabía que para poder encarar las políticas sociales necesarias para hacer efectiva su visión de una sociedad más justa, había que defender el precio del crudo, que para ese entonces tenía un precio promedio anual de ocho dólares el barril.

Para esto Chávez inició una extensa gira por los países que integran la OPEP y logró que este organismo, para ese entonces muy alicaído e inoperante, recuperara su papel en el mercado y reimplantara las cuotas de producción, lo que permitió incrementar primero y estabilizar después el precio del petróleo.

Luego tocó modificar las leyes que permitían que el petróleo se exportara sin dejar casi nada en el país, recuperar el control de la industria petrolera nacional y ponerla al servicio del país, lo cual originó el intento de golpe de abril de 2002, el paro y sabotaje petrolero de diciembre de ese año a febrero de 2003 y todos los otros intentos de derrocar a la Revolución Bolivariana.

Porque la clave para entender la situación de Venezuela son los repetidos intentos del gobierno de Estados Unidos por apropiarse del recurso estratégico petrolero aliado con la burguesía venezolana que busca seguir parasitando la renta que este recurso genera.

Los esfuerzos de Chávez y su gobierno fueron exitosos. Prueba de esto ha sido la propia existencia de la Revolución que él encabezó y su extensión a lo largo de los últimos 17 años, con la ratificación casi permanente del favor popular a lo largo de múltiples procesos electorales. Prueba de esto también son los millones de personas que han salido de la miseria y los múltiples reconocimientos de ello que han expresado decenas de organismos internacionales como Unicef, Unesco, FAO, OPS-OMS, Cepal, por mencionar solamente unas pocas.

El comandante Chávez usó también el petróleo como herramienta para la integración, diversificando los mercados y apalancando la complementariedad Sur-Sur y permitiendo que los pueblos fueran los destinatarios de los beneficios que otorga la disponibilidad de ese recurso mineral.

Luego de la muerte del comandante Chávez no solamente se produjo el momento de mayor debilidad de la Revolución Bolivariana en los político, sino también en lo económico como producto de una brutal caída de los precios del petróleo que bajaron más de un 70%.

Esto se explica en parte por la depredadora práctica de extraer petróleo por fracking, por la especulación de los mercados a futuro (esto es la compra y venta de crudo que ni siquiera ha sido extraído), por una guerra de precios en la que se involucraron algunos países OPEP, así como en una creciente participación en el mercado de los países no integrantes del cartel energético (además de otras aún por aclarar, como ventas petroleras que se adjudican al Estado Islámico).

Era imperioso manejar este tema “al estilo Chávez”, por lo que el presidente Nicolás Maduro encargó el pasado mes de agosto a su ministro de Petróleo, Eulogio del Pino, y a la canciller Delcy Rodríguez que emprendieran una gira por los países integrantes y no integrantes de la OPEP para iniciar conversaciones que permitieran acotar el volumen de petróleo en circulación de forma de reducir la sobreoferta y poder estabilizar los precios.

Estas conversaciones se desarrollaron a lo largo de estos meses, pero no fue sino hasta la semana pasada que en Estambul se lograron los acuerdos necesarios para lograr la próxima estabilización del mercado.

“Ha llegado la oportunidad de que los productores de la Opep y No Opep definitivamente nos pongamos de acuerdo en una ruta para estabilizar el mercado petrolero y lograr precios realistas y justos que permitan cubrir las inversiones para reponer los inventarios y desarrollar nuevas tecnologías”, expresó Maduro durante su participación en la plenaria inaugural del XXIII Congreso Mundial de Energía que se desarrollaba en Estambul, Turquía.

Maduro recordó que los precios del petróleo “en algunos casos se encuentran por debajo de los costos de producción y reposición de las capacidades de producción”.

La gestión más importante fue la realizada por Maduro con Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa, quien en el mismo foro señaló: “en la actual situación, creemos que congelar o recortar la producción de petróleo es el único modo de preservar la estabilidad del sector energético y reequilibrar el mercado”.

El acuerdo que será refrendado en Viena (ciudad donde la OPEP tiene su sede) el próximo 30 de noviembre, compromete a los 14 miembros del bloque a mantener un rango de producción conjunta de 32,5 a 33 millones de barriles diarios.

Sin duda, buenas noticias para el pueblo venezolano y malas, muy malas, para quienes apuestan por aislar al país y provocar la debacle económica como forma de derrotar a la Revolución Bolivariana.

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