Ir al contenido principal

Venezuela: "Quiquirigüiqui" opositor a la democracia

En Venezuela, la expresión jugar quiquirigüiqui significa tanto hacer trampa como engañar/estafar. Precisamente esto es lo que la oposición venezolana y sus jefes en Estados Unidos pretenden hacer con la democracia en Venezuela. Sin embargo, tanto la solidez de las instituciones y procesos electorales del país, así como la acertada estrategia del chavismo y al relanzamiento de la organización popular, han logrado reinstalar la paz en el país y vislumbrar una recuperación de la situación nacional y el reimpulso de la Revolución Bolivariana.

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, denunció este lunes 30 de octubre que los partidos políticos de oposición Voluntad Popular, Acción Democrática y Primero Justicia, recibieron órdenes desde Washington de no participar en las próximas elecciones municipales adelantadas por la Asamblea Nacional Constituyente para diciembre de este año.

“Dicen ellos que se salen de estas elecciones porque se están preparando para las presidenciales. ¿Quiere decir que el sistema electoral, el CNE (Consejo Nacional Electoral) y las máquinas electorales son buenas para las presidenciales pero no para las alcaldías? ¿Cuál es la incoherencia? ¿De dónde vienen los planes? ¿De dónde viene la improvisación?”, señaló el mandatario venezolano.

Maduro señaló que Venezuela necesita “una oposición que rompa amarras con Washington, Madrid, Bogotá y Miami, y que piense con cabeza propia, que camine con pie propio. Ojalá más temprano que tarde tengamos una oposición nueva, renovada, democrática, para poder dialogar, trabajar y podamos entendernos en el modelo democrático, amplio. Esa es nuestra aspiración y ante lo cual vamos a insistir”.

La mayoría de los partidos políticos que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) anunciaron ese mismo día que no participarían del venidero proceso electoral.

Sin embargo, la oposición "juega quiquirigüiqui" con la democracia venezolana.

No, pero sí

A pesar del anuncio casi unánime de los distintos sectores de la MUD, la realidad es muy otra.

La presidenta del CNE, Tibisay Lucena, señaló que el sistema automatizado de postulaciones (la inscripción de las candidatas y candidatos a través de Internet) procesó las solicitudes de 7.106 aspirantes a participar como candidatas y candidatos en las elecciones municipales de diciembre, informó este miércoles 1° de noviembre.

Lucena destacó que de los 22 partidos políticos nacionales, 82% presentaron postulantes. Mientras que de los 66 partidos regionales (estadales y municipales), 84% registraron aspirantes.

En tanto la cantidad de municipios en el país llega a 335, en promedio se presentan más de veinte candidatas y candidatos por municipio. Si el chavismo ha presentado presenta un solo candidato en la gran mayoría de los municipios, ¿de quién son los restantes candidatos?

¿Qué es lo que ha hecho la oposición agrupada en la MUD?, pues presentar a sus propios candidatos bajo el paraguas de otros partidos, de forma de no perder los espacios de gobierno municipal que tiene actualmente y disputar otros en poder del chavismo.

Lo hace ocultándose en las fachadas de otros partidos -fundamentalmente regionales- de forma de no tener que recibir los regaños de Luis Almagro, Vicente Fox, Andrés Pastrana y Rex Tillerson. En definitiva, escondiéndose de los verdaderos jefes de la MUD.

La oposición no lo tiene fácil. Con posterioridad a las elecciones de gobernadores realizadas el pasado domingo 15 de octubre, el conglomerado derechista se ha escurrido como arena entre los dedos. El proceso de descomposición de la MUD ha sido fulminante.

El mismo lunes 16 las acusaciones cruzadas de traición, o de haber hipotecado tras una agenda violenta el capital electoral logrado en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, así como el propio debate sobre si era pertinente o no presentarse al proceso de elección de gobernadores se sucedieron en cascada.

La situación se agravó aún más cuando de los cinco gobernadores opositores, cuatro decidieron cumplir con el requisito de juramentarse ante la ANC desafiando la orden de su propio partido -Acción Democrática- de no reconocer al máximo organismo de la democracia venezolana, que además fue quien convocó a esta instancia comicial.

Chavismo a la ofensiva

A partir de la elección de constituyentes realizada el domingo 30 de julio no solamente se dio por tierra con la atmósfera de violencia que el fascismo y sus cómplices habían impuesto en varios sectores de algunas de las grandes ciudades de Venezuela, sino que permitió que el chavismo se reorganizara y que amplios sectores de la sociedad que estaban hastiados de esta violencia se expresaran a favor de la paz.

El impresionante resultado de más de 8 millones de ciudadanas y ciudadanos que se manifestaron en las urnas a pesar de las reiteradas amenazas de grupos fascistas -incluso algunos ya con algún nivel de organización paramilitar- llenó de fuerza a los grupos chavistas, que expresaban su júbilo y recuperaron el entusiasmo organizativo que define al chavismo como sujeto político y social.

Los consejos comunales y comunas, los diversos sindicatos, así como las diversas organizaciones sociales y políticas de izquierda del país no solamente lograron reagrupar a su militancia, sino que se encontraron con sus propios camaradas entre los 545 integrantes de la ANC.

La decisión de la ANC de adelantar las elecciones de gobernadores, mecanismo que buscó lograr la consolidación de la paz en el país, además de contar con una participación nunca vista en el país en eventos de este tipo (más del 60% de los habilitados) le dio a los candidatos chavistas agrupados en el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) el respaldo de casi el 55% de los votantes.

Y a pesar de todos los intentos opositores de deslegitimar al organismo electoral, ningún sector opositor ha sido capaz de presentar una sola prueba de fraude. Al mismo tiempo, el CNE ha decidido auditar el 100% de las mesas electorales y hacerlo de forma pública y televisada a través de la señal streaming de la web del Poder Electoral.

Una estrategia acertada

Cuando el pasado 1° de mayo, durante la conmemoración del Día de los Trabajadores, el presidente Nicolás Maduro convocó a la elección de constituyentes, buena parte del planeta dudó de su cordura. Las élites políticas y buena parte de los opinólogos y venezolanólogos del mundo no le dan al Gobierno Bolivariano más que meses de duración.

La amenaza de Donald Trump de usar la fuerza militar en Venezuela, así como el anuncio de diversas sanciones económicas, hicieron pensar a algunos que la hora del rrrrrrrrrrrrégimen había llegado.

Quienes así pensaban, no conocen al pueblo venezolano ni a la Revolución Bolivariana.

El pueblo venezolano aspira a consolidar la paz y a construir una sociedad donde no existan las abrumadoras desigualdades que dibujaron el mapa de la Venezuela saudita de los 70, 80 y 90, en la que algunos vivían rodeados de opulencia, mientras la inmensa mayoría se ahogaba en la miseria.

Pero tampoco conocen a la Revolución Bolivariana, la que eligió construirse con la fuerza de los votos y no de las armas, la que ha apelado una y otra y otra vez (23 veces para ser exactos) a la decisión democrática del soberano. La que no ha dudado en entregar poder al pueblo. La que ha asumido radicalmente el concepto de la democracia participativa y protagónica.

El riesgo de violencia persiste

A pesar de que hoy Venezuela está en paz y que la oposición está fuertemente enfrentada y desarticulada, los riesgos de violencia en el país persisten.

Y es que los grupos fascistas, ante la imposibilidad de imponerse en las urnas, buscan -como han hecho desde el triunfo del comandante Hugo Chávez en 1998- derrocar al Gobierno legítimamente electo.

Entre tanto, Estados Unidos y sus principales aliados ideológicos en la región buscarán evitar que la Revolución Bolivariana se relegitime en las urnas.

Por eso la desesperación fascista, por eso la urgencia imperialista. Y una fiera herida es peligrosísima.

Pero el pueblo chavista aprendió la lección, incrementa sus niveles de organización política, social y solidaria ante la guerra económica, ensaya nuevos modos de producción y gestión, combate encarnizadamente la corrupción y el burocratismo, exige de sus representantes la máxima entrega.

Así, en medio de los riesgos, pero con infinita esperanza, el pueblo bolivariano construye su futuro a pesar de los ataques que no cesan.

Comentarios