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Venezuela en asamblea


A partir de las medidas económicas anunciadas la pasada semana por el presidente Nicolás Maduro, de los debates del IV Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela y de la marcha realizada por un grupo de campesinos que caminó más de 400 kilómetros para llevar al mandatario un documento con diversas propuestas y demandas, toda la población venezolana debate sobre los más diversos temas: desde las raíces del sectarismo en el sistema político venezolano y sus implicaciones en la construcción del bloque revolucionario, hasta política monetaria y la determinación del patrón que da valor al dinero.

Una nueva relación entre partido y sociedad

Venezuela no podría estar más lejos del pesado ambiente dictatorial descrito en los medios de comunicación hegemónicos del mundo entero.

Todos los escenarios son válidos para esta discusión: desde el congreso que convocó el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), cuya primera fase de debate plenario se realizó el pasado fin de semana, hasta la plaza, la parada del autobús y la movilización callejera.

El propio Maduro convocó a que el congreso de la organización se mantuviera abierto hasta el próximo 30 de agosto para que los documentos en discusión puedan retornar a las bases de la organización para su consideración final.

Así mismo, el mandatario venezolano pidió al PSUV que se abriera a las opiniones del resto de los sectores que componen al Gran Polo Patriótico (conglomerado de fuerzas que respaldan la Revolución Bolivariana) y a los distintos sectores sociales del país y la sociedad en su conjunto.

Maduro, quien fue ratificado como presidente de la organización política que reúne a más de seis millones de afiliados, señaló incluso la necesidad de que esta fuerza logre mecanismos directos y por abajo con los sectores democráticos de la oposición de derecha.

“Debemos ser células vivas del gran cuerpo de la revolución de nuestra Patria. Tiene que ser un congreso vivo en su conexión con el pueblo, un congreso vivo en la pasión de ser revolucionario”, reafirmó.

“El chavismo es el bolivarianismo y el bolivarianismo es la Patria, es el orgullo, es la valentía. El bolivarianismo es decir América toda unida, (…) es lo más grande que podamos sentir. El chavismo es el bolivarianismo revolucionario y transformador del siglo XXI”, destacó Maduro.

El mandatario agregó que, en cambio, “el madurismo no existe, aquí lo que existe es chavismo y el primer chavista se llama Nicolás Maduro Moros. Yo no aspiro a nada, sino a la consolidación de la Revolución (...) Yo no tengo aspiraciones en lo individual ni personal y todos los revolucionarios deben desechar los (anti)valores del individualismo”.

“Hay que confiar en el pueblo, hay que sembrar valores, ideas y confiar en la cosecha. Confiar de lo que surge en el esfuerzo diario. Si se hace con honestidad, con organización, con amor, con buena orientación, con un buen plan, con buena moral, con buena intención, siempre hay que esperar que el pueblo responda. Le dimos al pueblo una oportunidad y un camino, y el pueblo señaló ese camino”, concluyó.

El IV Congreso del PSUV tiene como uno de sus temas fundamentales el de la economía y de ese debate cara a cara con sus propias bases y directamente con el pueblo venezolano y sus organizaciones, seguramente saldrán las acciones que definirán los próximos pasos del Gobierno Bolivariano y de sus políticas.

Una nueva moneda para un nuevo modelo productivo

El otro gran objeto de debate en estos días es el del nuevo cono monetario. El bolívar fuerte pasará a denominarse bolívar soberano y se le quitarán cinco ceros.

Pero, además, la nueva denominación del circulante venezolano será anclada al Petro, la criptomoneda venezolana respaldada por petróleo y oro, lo que se espera que permita desconectar la economía venezolana de la especulación instalada alrededor del precio del dólar.

La discusión que se da entre economistas, así como entre las ciudadanas y ciudadanos ronda alrededor de la cotización que esta moneda debería tener en relación con el Petro, cuyo valor ha sido fijado en el precio internacional de un barril de petróleo de la cesta venezolana, que ronda los 65 dólares o los 450 yuanes (por mencionar distintas divisas en las que se negocian los hidrocarburos venezolanos).

Así mismo, en función de esa cotización deberán establecerse los precios acordados con las distintas cadenas productivas, importadoras y de distribución de los principales productos, así como los salarios que recibirán las trabajadoras y los trabajadores de Venezuela.

Las monedas originalmente eran de plata y oro. Luego, los gobiernos emitieron billetes que eran intercambiables por ese metal. El oro seguía siendo el patrón de medida y la base de todo el sistema financiero internacional.

A partir de la I Guerra Mundial, del crac financiero y bursátil de 1929 en Estados Unidos y de las acciones dirigidas a la reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial, varios países imprimieron más moneda que la que podían devolver en metálico.

Los Acuerdos de Bretton Woods de 1944, en los que Estados Unidos asaltó la posición de primera potencia económica del mundo, forzaron a los distintos países a adoptar el dólar de ese país como divisa internacional, comprometiéndose a que la Reserva Federal (FED, el banco central de ese país) mantendría el patrón oro.

Era un estupendo negocio (para Estados Unidos), ellos se apropiaban del oro e imprimían papeles, que los otros países debían comprar a cambio de la promesa de que ese oro estaba bien guardado.

Sin embargo, en 1971 la FED anunció que abandonaba el patrón oro, por lo que el valor del dólar pasa a sostenerse exclusivamente en la confianza.

En cambio, el Petro -que es una criptomoneda, no un billete concreto ni un bono del Tesoro venezolano- nuevamente recupera el valor de reservas tangibles, en su caso el petróleo y el oro, de los que Venezuela tiene gigantescas reservas.

El oro monetario del país bolivariano ya está en poder del Banco Central de Venezuela (BCV) y respalda la criptomoneda. Para complementar el respaldo del Petro -y por tanto del nuevo bolívar soberano-, el BCV recibió por parte del presidente Nicolás Maduro el bloque “Ayacucho II” de la Faja Petrolífera del Orinoco, que cuenta con casi 30.000 millones de barriles de crudo venezolano.

El bolívar soberano nacerá el próximo 20 de agosto con un muy fuerte respaldo y con la instrucción de servir como instrumento financiero para romper el espinazo de la guerra económica, la especulación financiera y la inflación inducida por vía de las anteriores.

De aquí hasta esa fecha es mucho lo que se está discutiendo y lo que se discutirá en el país y de esas polémicas surgirá una nueva moneda que permitirá romper la dependencia de la divisa norteamericana y la construcción de un modelo económico basado en la producción donde el petróleo funcione como punto de apoyo y no como palanca de la economía venezolana.

Nueva relación con el campo y su gente

En medio de la guerra económica que ha encarecido los productos alimenticios industriales -ya sea completamente importados o con algún componente de producción nacional-, los pequeños y medianos productores agrícolas, los campesinos, han sido los que han abastecido a la población venezolana de los alimentos que han garantizado su subsistencia.

No sin cambios en los patrones de consumo y no sin resistencia a estos cambios, han aparecido arepas de yuca (mandioca) en lugar de la harina de maíz precocida, papa criolla en lugar de la importada desde Canadá y Estados Unidos, pescados en lugar de las carnes rojas y así sucesivamente.

Junto con los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAPs), que garantizan que las familias reciban regularmente una base alimentaria a través de una caja de alimentos a un precio altamente subsidiado (y algunas experiencias de producción comunitaria y consumo organizado), los campesinos son los que han garantizado que la Revolución no fuera ahogada por hambre.

Una delegación de campesinos de los Llanos Occidentales de Venezuela emprendió una marcha a pie rumbo a Caracas desde hace ya tres semanas.

Los pequeños agricultores, que recorrieron más de 400 kilómetros para llegar este miércoles a Caracas, buscan ser escuchados por Maduro para denunciar a algunos funcionarios corruptos e indolentes que atentan contra la producción campesina y tomar nota de sus reclamos para lograr incrementar la producción.

Al mismo tiempo, los campesinos -que eran recibidos por el presidente este jueves, al cierre de nuestra edición- manifiestan su irrestricta defensa de la Revolución Bolivariana, para lo que aspiran a contribuir en la consolidación de la soberanía alimentaria.


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